En Joven y saludable a los cien, Rodolfo Pedrazzi Poma parte de una pregunta que tarde o temprano nos hacemos todos: ¿podemos llegar a mayores conservando no solo la salud, sino también la energía, la lucidez y las ganas de vivir? Su respuesta ocupa treinta capítulos y adopta una perspectiva muy amplia. Aquí conviven genética, telómeros, inflamación, microbiota, hormonas y biomarcadores con cuestiones menos tangibles como la serenidad, las relaciones humanas, la espiritualidad o el propósito vital. La idea central no es simplemente vivir más años, sino conseguir que esos años merezcan la pena.
Pedrazzi Poma, médico especializado en Cardiología y Nefrología, podría haber convertido semejante cantidad de información en un tratado técnico, pero opta por justo lo contrario. Su escritura es divulgativa, cercana y muy narrativa. Con frecuencia introduce a los investigadores detrás de cada descubrimiento —Elizabeth Blackburn, Leonard Hayflick, David Sinclair, Hans Selye, Matthew Walker, Robert Waldinger o Valter Longo, entre muchos otros— y enlaza sus trabajos con figuras como Hipócrates, Séneca, Epicuro o Viktor Frankl. El resultado es una especie de recorrido histórico por nuestra obsesión por comprender el envejecimiento. Uno de los mayores aciertos del libro está precisamente en hacer accesibles conceptos complejos sin exigir conocimientos médicos previos.
La primera parte resulta especialmente interesante para quien quiera entender qué ocurre realmente cuando envejecemos. Telómeros, epigenética, radicales libres, inflammaging, edad biológica o senescencia celular aparecen explicados mediante analogías sencillas. Después, el libro cambia progresivamente de la explicación a la aplicación: ejercicio, alimentación, ayuno, sueño, respiración, microbiota, contacto con la naturaleza y vínculos sociales. Y finalmente desemboca en un terreno más humanista, dedicado a la calma, el pensamiento, la lectura, el sentido de la vida y la espiritualidad. La estructura transmite muy bien esa transición desde la célula hasta la persona completa.
Ese enfoque integral es también lo que diferencia a Joven y saludable a los cien de muchos títulos sobre longevidad. El autor no presenta el envejecimiento únicamente como un problema bioquímico que pueda solucionarse mediante una pastilla. De hecho, insiste repetidamente en hábitos bastante menos espectaculares: moverse, comer mejor, descansar, disminuir el estrés, relacionarse, conservar la curiosidad y encontrar un propósito. Hay además una bibliografía extensa que muestra la voluntad de apoyar el discurso en investigadores y publicaciones reconocibles. Ahora bien, conviene leer con espíritu crítico algunas afirmaciones especialmente contundentes, sobre todo las relacionadas con determinados suplementos, terapias hormonales, telómeros o la capacidad de ciertas prácticas para «rejuvenecer» el organismo. El propio libro habla de prudencia y personalización, pero en algunos pasajes el entusiasmo divulgativo hace que conclusiones todavía complejas parezcan más definitivas de lo que el tono científico aconsejaría.
También hay cierta repetición. Conceptos como cortisol, inflamación, telómeros, dieta, serenidad o microbiota reaparecen en varios capítulos, y el lector atento puede sentir que algunas ideas vuelven con distinto envoltorio. A cambio, esa insistencia construye con claridad el mensaje que el autor quiere dejar: la longevidad no depende de una única intervención espectacular, sino de muchas decisiones pequeñas mantenidas en el tiempo. La prosa, además, adquiere conforme avanza el libro un tono cada vez más reflexivo y casi poético, especialmente en los capítulos dedicados a la calma, la espiritualidad y el propósito.
En conjunto, Joven y saludable a los cien funciona muy bien como obra de divulgación y como invitación a revisar la propia forma de vivir. No pretende ofrecer una receta infalible para alcanzar los cien años, sino cambiar la conversación: dejar de pensar únicamente en cuánto tiempo nos queda y preguntarnos cómo queremos vivir ese tiempo. Es especialmente recomendable para lectores interesados en salud preventiva y longevidad que prefieran una visión humana y accesible antes que un manual puramente académico. Puede discutirse alguna de sus afirmaciones más optimistas, pero su propuesta de fondo resulta difícil de ignorar: quizá envejecer bien tenga menos que ver con perseguir una juventud imposible y mucho más con aprender a cuidar, conscientemente, la que todavía tenemos.


