Reseña de «La tos del culo», de Julio Benito Sánchez

Hay una cosa que me quedó clara después de leer La tos del culo: Julio Benito Sánchez no tiene ninguna intención de quedar bien con todo el mundo. Y casi se agradece, porque estamos bastante acostumbrados a libros que miden cada palabra. Aquí ocurre justamente lo contrario. El autor se permite bromear con prácticamente cualquier situación y convertir algo tan vulgar como un pedo en una cuestión de enorme importancia.

Lo que más disfruté fue el apartado dedicado al ranking de personas según su profesión. Hay políticos, funcionarios de Hacienda, religiosos, deportistas, músicos, cuidadores de zoológico y hasta porteros de comunidades. El autor imagina las particularidades de sus flatulencias relacionándolas con sus hábitos, su alimentación y su trabajo.

Me hizo especial gracia el tratamiento de los políticos. No porque haya que tomarse literalmente lo que dice, sino porque utiliza un asunto absurdo para caricaturizar costumbres y comportamientos que reconocemos perfectamente. Las comidas, los aperitivos, las reuniones y ciertas maneras de actuar sirven como excusa para construir situaciones cada vez más exageradas.

Y ahí está, para mí, una de las gracias del libro. No se limita a hablar de gases: también se ríe de nuestras manías y de la importancia que damos a las apariencias. Porque, al final, da igual la profesión que tengas o lo importante que te consideres. Todos tenemos las mismas necesidades corporales, aunque algunos prefieran fingir lo contrario.

También me parecieron acertadas las ilustraciones que acompañan determinados apartados. La escena del político ante su público, el músico de orquesta o las religiosas en la iglesia encajan perfectamente con el humor del texto. Le aportan un componente visual que ayuda a imaginar las situaciones y refuerza el carácter desenfadado de la obra.

La escritura tiene mucha personalidad. Es descarada, muy directa y utiliza un vocabulario que cualquiera reconocería en una conversación informal. No busca la elegancia literaria tradicional, sino provocar una reacción en quien lee. A veces mediante una descripción detallada, otras con una exageración tremenda y otras simplemente llamando a las cosas por su nombre.

Por supuesto, es un humor que se disfruta más cuando no eres demasiado susceptible y sabes distinguir una caricatura de una descripción real. El propio autor aclara que su intención al bromear sobre distintos colectivos profesionales es hacer sonreír.

Yo recomendaría La tos del culo a quienes disfrutan de la sátira, las ocurrencias absurdas y las conversaciones sin demasiados filtros. Tiene ese punto gamberro de quien sabe que está tratando un tema poco elegante y, precisamente por eso, decide pasárselo bien escribiendo sobre él.

Y mira, después de leerlo, probablemente tampoco vuelvas a escuchar una tos sospechosa de la misma manera.

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