Reseña de «El hilo roto del destino. Volumen I», de Juan Chávez

¿Qué haces cuando lo has perdido todo y lo único que te queda es seguir adelante? Esa es la pregunta que sobrevuela El hilo roto del destino, una novela de Juan Chávez que mezcla humor, drama, intrigas familiares y personajes bastante peculiares, pero que, en el fondo, habla de algo muy humano: la necesidad de encontrar un lugar al que pertenecer.

La historia nos lleva a Hesperia, un reino ficticio donde conocemos a Hikoboshi, un joven que llega a la ciudad de Ulloa sin dinero, sin documentos y con un pasado del que prefiere no hablar. Su objetivo parece sencillo: conseguir trabajo y empezar de cero. Sin embargo, termina metido en situaciones que van desde lo absurdo hasta lo realmente peligroso. Por suerte, se cruza en su camino Celestina, una comerciante de carácter fuerte que le ofrece una oportunidad en su tienda.

Hikoboshi es, sin duda, uno de los grandes atractivos de la novela. Su timidez, su ingenuidad y esa forma tan particular de entender las relaciones humanas provocan momentos muy divertidos, aunque también esconden bastante sufrimiento. Es un personaje lleno de contradicciones: tiene capacidades sorprendentes, pero relacionarse con desconocidos puede convertirse para él en una auténtica pesadilla. Lo interesante es descubrir poco a poco por qué se comporta así y qué hay detrás de esa personalidad aparentemente inocente.

Celestina tampoco se queda atrás. Es astuta, mandona, protectora cuando quiere y capaz de manejar situaciones complicadas con una facilidad pasmosa. Junto a Elicia, Areúsa y Rosalina, forma un grupo de personajes con personalidades muy distintas, cuyas discusiones, bromas y pequeños gestos terminan dando vida a buena parte del relato.

Juan Chávez tiene una forma de narrar muy apoyada en los diálogos, que suelen ser ágiles, espontáneos y cargados de dobles sentidos. El humor aparece incluso en situaciones tensas, aunque la historia también sabe ponerse seria cuando toca. Además, resulta curioso cómo incorpora referencias a personajes y obras clásicas, especialmente a los Capuleto y Montesco, dentro de un mundo con sus propias normas, conflictos e historia.

Eso sí, conviene saber que es una novela que se toma su tiempo. Hay bastantes conversaciones, escenas cotidianas y personajes que recordar, por lo que algunos tramos pueden resultar algo pausados. Pero esa atención a los detalles también ayuda a comprender las relaciones que se van construyendo y hace que los momentos de mayor tensión tengan más peso.

Lo que más me gusta de esta propuesta es que no necesita convertir a su protagonista en un héroe perfecto. Hikoboshi se equivoca, siente miedo, depende de los demás y, aun así, intenta salir adelante.

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